Escritura

Escritura, reseña de”Ora pro nobis” y “Cinco notas”

Narrativa y sensibilidad: Carmen Frías

Ora pro nobis

El sello independiente Ediciones Xorki publicó hace unos años Ora pro nobis, novela de Carmen Frías –sin duda una de las mejores escritoras del panorama narrativo español– en la que se relata el tortuoso camino anímico, psicológico y social que Manuel –joven protagonista de la narración– se ve obligado a recorrer en busca de una acaso imposible libertad de espíritu, envuelto en uno de los episodios más turbulentos de la historia de España, cuando el país afrontaba su segundo y fallido ensayo republicano.

Miedo, soledad, inseguridad, y sólo saber que el camino espera y que hay que andar con esta tragedia de una elección definitiva, de un estilo de vida que me hará para siempre. El desconcierto.

Se trata de una obra en la que, con sensibilidad extrema y singular, la autora aborda la peliaguda relación entre Iglesia, Estado y homosexualidad, a través de la biografía (en forma de diario, y por tanto, de confesión) de un joven que no puede dejar, a su vez, de hacerse cargo de un insoslayable sentimiento religioso –siempre encauzado a través de la figura humana de Cristo–.

¿Para qué o por qué vivir? Supongo que por inercia, o por un vago resquicio de fe, o simplemente por pereza, por la dulce pereza de afeitarse todos los días parsimoniosamente, de vestirse con lentitud, de mirar con fatiga, y seguir así, hora tras hora, con la única confianza puesta en esta enfermedad del alma que, tarde o temprano, acabará con toda posible alegría. Esperar con resignación que los días se alarguen, esperar sin saber cómo ni con qué llenar este tremendo hueco de la existencia que se conforma en el espacio de mi cuerpo. ¿Para qué vivir? ¿Para qué habré vivido yo? ¡Qué sinsentido!

La figura de Manuel es abordada desde todos los puntos de vista (político, social, sexual, religioso, etc.), lo que hace escapar al relato de la mera narración, convirtiéndolo con sobresaliente habilidad en una revisión muy acertada de algunos prejuicios eclesiásticos aún insultantemente vigentes. Una obra muy recomendable para destapar, desde la imparcialidad y un crítico respeto, algunas de las vergüenzas de nuestros días, al hilo de una historia que desgarrará y alentará dulcemente, por su sinceridad y cercanía, el corazón del lector.

El tiempo: el agobio del tiempo. Llega un momento en que empieza a acompañarte todos los días, sin saber muy bien cómo, cuándo, ni por qué este agobio se ha instalado en ti. Cuando era pequeño dejaba resbalar el tiempo y vivía más feliz. […] Mis horas no tenían que ser productivas, sólo mías, para vivirlas, para disfrutarlas, para compartirlas, sin más.

Cinco notas Carmen FríasSe publica ahora, en la misma editorial, la nueva y brillante novela de esta magnífica autora alicantina con el título de Cinco notas. Un relato en el que su protagonista, Oché, ha de reencontrarse –al igual que el Wilde de De profundis– con su pasado, con una carga de la que no se hace plenamente consciente hasta que la entrada de la senectud hace oscura (pero esclarecedora) presencia.

Al igual que en Ora pro nobis, la emotiva pluma de Carmen Frías nos enfrenta a los más comunes demonios humanos. La vida de Oché se desliza ante los ojos del lector como parte de un escaparate en el que sólo es posible observar: nada de lo que allí se muestra puede alcanzarse, tocarse, modificarse. Aquel pasado, impertérrito, sólo espera a ser juzgado, aunque bien sabe que el veredicto de tal juicio no ha de alterar su incólume naturaleza: perseverar en el Ser de lo acontecido para siempre.

Pero también la luz, en forma de esperanza, se da cita en Cinco notas. La biografía de Oché muestra igualmente, con matices de agridulce alegría y el resplandor propio de tiempos mejores, que la existencia, aun plegándose raramente a nuestros deseos, siempre guarda sorpresas imposibles de prever. El amor, la amistad, la adolescencia perdida pero siempre evocada y evocativa, la espera de lo anhelado, la pasión desbordada, etc., son indicios de que la vida se abre siempre paso a pesar de las desdichas no anunciadas, inevitables. Carmen Frías abre en Cinco notas el espacio de combate donde necesidad y libertad pujan por adueñarse del ánimo del protagonista, que se debate en una lucha incesante entre lo posible y lo imposible, entre lo irrecuperable y lo todavía por hacer. Aspectos que hacen de esta obra una suerte de Bildungsroman “invertida”: Oché cobra consciencia, ya pasado el tiempo, de que no podrá volver a manejar las circunstancias de su pasado, e intenta sacar provecho, en los años de su postrera madurez, de las enseñanzas que ese carácter imperturbable de lo ocurrido le ofrecen.

Cinco notas es una novela versátil, dinámica, amablemente trágica, sensible, cercana y a la vez plagada de ricos símbolos: el mar, omnisciente y cadente, las fotografías que rememoran lo que nunca volverá, la muerte que cercena la ilusión, el presente que engaña con argucias de inmediatez, el pasado aleccionador, el futuro pavoroso y tranquilizador. Carmen Frías muestra de nuevo su dominio del aparato narrativo para hacernos partícipes de la indescriptible hondura del corazón humano. Una novela que emociona de principio a fin y que muestra, con suma delicadeza, el carácter bifronte de esta terca existencia, sumida en una oscuridad que, en ocasiones, queda ninguneada por fulgurantes y maravillosos destellos.

Libros publicados

Novela “Ora pro nobis”, sinopsis

          En el mes de marzo de 2001, el papa Juan Pablo II va a proclamar beatos de la Iglesia a doscientos treinta y cuatro mártires de la guerra civil española. Mientras espera la llegada de esa fecha, fray Agustín Segorbe, fraile nonagenario, recuerda su infancia durante la Segunda República al leer apresurado, dada la inminencia del acto solemne, unos cuadernos que le han llegado por haber intervenido en una de las causas de beatificación. En ellos descubre que uno de los futuros beatos, joven de honda fe, intentó entender una sexualidad que no admitía, reflejando en su escritura el conflicto entre el Dios amado y sus deseos.
          Carmen Frías, con una prosa fruto de la sensibilidad y la percepción, y desde la imparcialidad y el respeto, nos plantea en esta novela un caso hipotético que testimonia un tema de gran actualidad y que no deja de ser uno de los muchos que, como el del reconocimiento de pleno derecho de la mujer, tiene pendientes la Iglesia católica.
          Al tiempo, nos presenta a diversos personajes que habitaron una época tan poco conocida y tratada como fue el principio de la Segunda República y todas las tensiones emanadas de los cambios y las relaciones Iglesia-Estado, que llevaron a tantos resultados dramáticos.
          Manuel, un joven abogado que pertenece a una minoría oculta y menospreciada, como tantas otras de la sociedad, escindido entre sus creencias, las condenas eclesiásticas y sus inclinaciones -como pudo estarlo García Lorca en esa misma época- y que vive entre los convecinos de su pueblo la experiencia de la búsqueda del amor y el cuestionamiento de su vida, acabará revelando que las existencias más externamente condenables por unos, con independencia de cuál sea su motivo, pueden encerrar una heroicidad y verdad más auténticas que las mantenidas por muchas posturas oficiales.
Esta novela fue finalista del “Premio Azorín”.

 

Portada Ora pro nobis

Ediciones Xorki, Madrid

Adquirirlo en todas las librerías o en:

http://www.casadellibro.com

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Escritura

Narrativa y sensibilidad.- Reseña de”Ora pro nobis” y “Cinco notas”

Reseña de Carlos Javier González Serrano publicada en “El vuelo de la lechuza”

Narrativa y sensibilidad

Oscar Wilde se refería al dolor en uno de sus textos más célebres, editado y conocido bajo el título De profundis, como un sentimiento único tras el que siempre se esconde un alma singular, humana, sintiente. En este documento de incalculable valor histórico y literario, Wilde refleja su ambición por hacerse cargo de su vida pasada, por asumir todos aquellos errores que pudo cometer a lo largo de los años. Y es que “hay en el dolor una intensa y extraordinaria realidad” que no se deja sortear.

Este movimiento de regresión biográfica, aunque esperanzado, alberga un carácter incómodo de primera magnitud: enfrentarse a la posible incriminación de una culpa que no siempre es justa, merecida, ni siquiera esperada. Como es sabido, Wilde cumplía condena en la cárcel, acusado de sodomía y homosexualidad, mientras redactaba De profundis. “Todo cuanto se hace hay que pagarlo”, aseguraba el irlandés, sumido en una acuciante depresión de la que no sabía –a ciencia cierta– si sentirse víctima. ¿Somos culpables de todo por lo que hemos de pagar?, se preguntaba Wilde, acosado por la mirada de los inquisitivos días de su pasado.

El sello independiente Ediciones Xorki publicó hace unos años Ora pro nobis, novela de Carmen Frías –sin duda una de las mejores escritoras del panorama narrativo español– en la que se relata el tortuoso camino anímico, psicológico y social que Manuel –joven protagonista de la narración– se ve obligado a recorrer en busca de una acaso imposible libertad de espíritu, envuelto en uno de los episodios más turbulentos de la historia de España, cuando el país afrontaba su segundo y fallido ensayo republicano.

Miedo, soledad, inseguridad, y sólo saber que el camino espera y que hay que andar con esta tragedia de una elección definitiva, de un estilo de vida que me hará para siempre. El desconcierto.

Se trata de una obra en la que, con sensibilidad extrema y singular, la autora aborda la peliaguda relación entre Iglesia, Estado y homosexualidad, a través de la biografía (en forma de diario, y por tanto, de confesión) de un joven que no puede dejar, a su vez, de hacerse cargo de un insoslayable sentimiento religioso –siempre encauzado a través de la figura humana de Cristo–.

¿Para qué o por qué vivir? Supongo que por inercia, o por un vago resquicio de fe, o simplemente por pereza, por la dulce pereza de afeitarse todos los días parsimoniosamente, de vestirse con lentitud, de mirar con fatiga, y seguir así, hora tras hora, con la única confianza puesta en esta enfermedad del alma que, tarde o temprano, acabará con toda posible alegría. Esperar con resignación que los días se alarguen, esperar sin saber cómo ni con qué llenar este tremendo hueco de la existencia que se conforma en el espacio de mi cuerpo. ¿Para qué vivir? ¿Para qué habré vivido yo? ¡Qué sinsentido!

La figura de Manuel es abordada desde todos los puntos de vista (político, social, sexual, religioso, etc.), lo que hace escapar al relato de la mera narración, convirtiéndolo con sobresaliente habilidad en una revisión muy acertada de algunos prejuicios eclesiásticos aún insultantemente vigentes. Una obra muy recomendable para destapar, desde la imparcialidad y un crítico respeto, algunas de las vergüenzas de nuestros días, al hilo de una historia que desgarrará y alentará dulcemente, por su sinceridad y cercanía, el corazón del lector.

El tiempo: el agobio del tiempo. Llega un momento en que empieza a acompañarte todos los días, sin saber muy bien cómo, cuándo, ni por qué este agobio se ha instalado en ti. Cuando era pequeño dejaba resbalar el tiempo y vivía más feliz. […] Mis horas no tenían que ser productivas, sólo mías, para vivirlas, para disfrutarlas, para compartirlas, sin más.

Se publica ahora, en la misma editorial, la nueva y brillante novela de esta magnífica autora alicantina con el título de Cinco notas. Un relato en el que su protagonista, Oché, ha de reencontrarse –al igual que el Wilde de De profundis– con su pasado, con una carga de la que no se hace plenamente consciente hasta que la entrada de la senectud hace oscura (pero esclarecedora) presencia.

Al igual que en Ora pro nobis, la emotiva pluma de Carmen Frías nos enfrenta a los más comunes demonios humanos. La vida de Oché se desliza ante los ojos del lector como parte de un escaparate en el que sólo es posible observar: nada de lo que allí se muestra puede alcanzarse, tocarse, modificarse. Aquel pasado, impertérrito, sólo espera a ser juzgado, aunque bien sabe que el veredicto de tal juicio no ha de alterar su incólume naturaleza: perseverar en el Ser de lo acontecido para siempre.

Pero también la luz, en forma de esperanza, se da cita en Cinco notas. La biografía de Oché muestra igualmente, con matices de agridulce alegría y el resplandor propio de tiempos mejores, que la existencia, aun plegándose raramente a nuestros deseos, siempre guarda sorpresas imposibles de prever. El amor, la amistad, la adolescencia perdida pero siempre evocada y evocativa, la espera de lo anhelado, la pasión desbordada, etc., son indicios de que la vida se abre siempre paso a pesar de las desdichas no anunciadas, inevitables. Carmen Frías abre en Cinco notas el espacio de combate donde necesidad y libertad pujan por adueñarse del ánimo del protagonista, que se debate en una lucha incesante entre lo posible y lo imposible, entre lo irrecuperable y lo todavía por hacer. Aspectos que hacen de esta obra una suerte de Bildungsroman “invertida”: Oché cobra consciencia, ya pasado el tiempo, de que no podrá volver a manejar las circunstancias de su pasado, e intenta sacar provecho, en los años de su postrera madurez, de las enseñanzas que ese carácter imperturbable de lo ocurrido le ofrecen.

Cinco notas es una novela versátil, dinámica, amablemente trágica, sensible, cercana y a la vez plagada de ricos símbolos: el mar, omnisciente y cadente, las fotografías que rememoran lo que nunca volverá, la muerte que cercena la ilusión, el presente que engaña con argucias de inmediatez, el pasado aleccionador, el futuro pavoroso y tranquilizador. Carmen Frías muestra de nuevo su dominio del aparato narrativo para hacernos partícipes de la indescriptible hondura del corazón humano. Una novela que emociona de principio a fin y que muestra, con suma delicadeza, el carácter bifronte de esta terca existencia, sumida en una oscuridad que, en ocasiones, queda ninguneada por fulgurantes y maravillosos de

Escritura

Narrativa y sensibilidad.- Reseña de”Ora pro nobis” y “Cinco notas”

Reseña de Carlos Javier González Serrano publicada en “El vuelo de la lechuza”

Narrativa y sensibilidad

Oscar Wilde se refería al dolor en uno de sus textos más célebres, editado y conocido bajo el título De profundis, como un sentimiento único tras el que siempre se esconde un alma singular, humana, sintiente. En este documento de incalculable valor histórico y literario, Wilde refleja su ambición por hacerse cargo de su vida pasada, por asumir todos aquellos errores que pudo cometer a lo largo de los años. Y es que “hay en el dolor una intensa y extraordinaria realidad” que no se deja sortear.

Este movimiento de regresión biográfica, aunque esperanzado, alberga un carácter incómodo de primera magnitud: enfrentarse a la posible incriminación de una culpa que no siempre es justa, merecida, ni siquiera esperada. Como es sabido, Wilde cumplía condena en la cárcel, acusado de sodomía y homosexualidad, mientras redactaba De profundis. “Todo cuanto se hace hay que pagarlo”, aseguraba el irlandés, sumido en una acuciante depresión de la que no sabía –a ciencia cierta– si sentirse víctima. ¿Somos culpables de todo por lo que hemos de pagar?, se preguntaba Wilde, acosado por la mirada de los inquisitivos días de su pasado.

El sello independiente Ediciones Xorki publicó hace unos años Ora pro nobis, novela de Carmen Frías –sin duda una de las mejores escritoras del panorama narrativo español– en la que se relata el tortuoso camino anímico, psicológico y social que Manuel –joven protagonista de la narración– se ve obligado a recorrer en busca de una acaso imposible libertad de espíritu, envuelto en uno de los episodios más turbulentos de la historia de España, cuando el país afrontaba su segundo y fallido ensayo republicano.

Miedo, soledad, inseguridad, y sólo saber que el camino espera y que hay que andar con esta tragedia de una elección definitiva, de un estilo de vida que me hará para siempre. El desconcierto.

Se trata de una obra en la que, con sensibilidad extrema y singular, la autora aborda la peliaguda relación entre Iglesia, Estado y homosexualidad, a través de la biografía (en forma de diario, y por tanto, de confesión) de un joven que no puede dejar, a su vez, de hacerse cargo de un insoslayable sentimiento religioso –siempre encauzado a través de la figura humana de Cristo–.

¿Para qué o por qué vivir? Supongo que por inercia, o por un vago resquicio de fe, o simplemente por pereza, por la dulce pereza de afeitarse todos los días parsimoniosamente, de vestirse con lentitud, de mirar con fatiga, y seguir así, hora tras hora, con la única confianza puesta en esta enfermedad del alma que, tarde o temprano, acabará con toda posible alegría. Esperar con resignación que los días se alarguen, esperar sin saber cómo ni con qué llenar este tremendo hueco de la existencia que se conforma en el espacio de mi cuerpo. ¿Para qué vivir? ¿Para qué habré vivido yo? ¡Qué sinsentido!

La figura de Manuel es abordada desde todos los puntos de vista (político, social, sexual, religioso, etc.), lo que hace escapar al relato de la mera narración, convirtiéndolo con sobresaliente habilidad en una revisión muy acertada de algunos prejuicios eclesiásticos aún insultantemente vigentes. Una obra muy recomendable para destapar, desde la imparcialidad y un crítico respeto, algunas de las vergüenzas de nuestros días, al hilo de una historia que desgarrará y alentará dulcemente, por su sinceridad y cercanía, el corazón del lector.

El tiempo: el agobio del tiempo. Llega un momento en que empieza a acompañarte todos los días, sin saber muy bien cómo, cuándo, ni por qué este agobio se ha instalado en ti. Cuando era pequeño dejaba resbalar el tiempo y vivía más feliz. […] Mis horas no tenían que ser productivas, sólo mías, para vivirlas, para disfrutarlas, para compartirlas, sin más.

Se publica ahora, en la misma editorial, la nueva y brillante novela de esta magnífica autora alicantina con el título de Cinco notas. Un relato en el que su protagonista, Oché, ha de reencontrarse –al igual que el Wilde de De profundis– con su pasado, con una carga de la que no se hace plenamente consciente hasta que la entrada de la senectud hace oscura (pero esclarecedora) presencia.

Al igual que en Ora pro nobis, la emotiva pluma de Carmen Frías nos enfrenta a los más comunes demonios humanos. La vida de Oché se desliza ante los ojos del lector como parte de un escaparate en el que sólo es posible observar: nada de lo que allí se muestra puede alcanzarse, tocarse, modificarse. Aquel pasado, impertérrito, sólo espera a ser juzgado, aunque bien sabe que el veredicto de tal juicio no ha de alterar su incólume naturaleza: perseverar en el Ser de lo acontecido para siempre.

Pero también la luz, en forma de esperanza, se da cita en Cinco notas. La biografía de Oché muestra igualmente, con matices de agridulce alegría y el resplandor propio de tiempos mejores, que la existencia, aun plegándose raramente a nuestros deseos, siempre guarda sorpresas imposibles de prever. El amor, la amistad, la adolescencia perdida pero siempre evocada y evocativa, la espera de lo anhelado, la pasión desbordada, etc., son indicios de que la vida se abre siempre paso a pesar de las desdichas no anunciadas, inevitables. Carmen Frías abre en Cinco notas el espacio de combate donde necesidad y libertad pujan por adueñarse del ánimo del protagonista, que se debate en una lucha incesante entre lo posible y lo imposible, entre lo irrecuperable y lo todavía por hacer. Aspectos que hacen de esta obra una suerte de Bildungsroman “invertida”: Oché cobra consciencia, ya pasado el tiempo, de que no podrá volver a manejar las circunstancias de su pasado, e intenta sacar provecho, en los años de su postrera madurez, de las enseñanzas que ese carácter imperturbable de lo ocurrido le ofrecen.

Cinco notas es una novela versátil, dinámica, amablemente trágica, sensible, cercana y a la vez plagada de ricos símbolos: el mar, omnisciente y cadente, las fotografías que rememoran lo que nunca volverá, la muerte que cercena la ilusión, el presente que engaña con argucias de inmediatez, el pasado aleccionador, el futuro pavoroso y tranquilizador. Carmen Frías muestra de nuevo su dominio del aparato narrativo para hacernos partícipes de la indescriptible hondura del corazón humano. Una novela que emociona de principio a fin y que muestra, con suma delicadeza, el carácter bifronte de esta terca existencia, sumida en una oscuridad que, en ocasiones, queda ninguneada por fulgurantes y maravillosos de

Libros publicados

Novela “Ora pro nobis”, sinopsis

          En el mes de marzo de 2001, el papa Juan Pablo II va a proclamar beatos de la Iglesia a doscientos treinta y cuatro mártires de la guerra civil española. Mientras espera la llegada de esa fecha, fray Agustín Segorbe, fraile nonagenario, recuerda su infancia durante la Segunda República al leer apresurado, dada la inminencia del acto solemne, unos cuadernos que le han llegado por haber intervenido en una de las causas de beatificación. En ellos descubre que uno de los futuros beatos, joven de honda fe, intentó entender una sexualidad que no admitía, reflejando en su escritura el conflicto entre el Dios amado y sus deseos.
          Carmen Frías, con una prosa fruto de la sensibilidad y la percepción, y desde la imparcialidad y el respeto, nos plantea en esta novela un caso hipotético que testimonia un tema de gran actualidad y que no deja de ser uno de los muchos que, como el del reconocimiento de pleno derecho de la mujer, tiene pendientes la Iglesia católica.
          Al tiempo, nos presenta a diversos personajes que habitaron una época tan poco conocida y tratada como fue el principio de la Segunda República y todas las tensiones emanadas de los cambios y las relaciones Iglesia-Estado, que llevaron a tantos resultados dramáticos.
          Manuel, un joven abogado que pertenece a una minoría oculta y menospreciada, como tantas otras de la sociedad, escindido entre sus creencias, las condenas eclesiásticas y sus inclinaciones -como pudo estarlo García Lorca en esa misma época- y que vive entre los convecinos de su pueblo la experiencia de la búsqueda del amor y el cuestionamiento de su vida, acabará revelando que las existencias más externamente condenables por unos, con independencia de cuál sea su motivo, pueden encerrar una heroicidad y verdad más auténticas que las mantenidas por muchas posturas oficiales.
Esta novela fue finalista del “Premio Azorín”.

 

Portada Ora pro nobis

Ediciones Xorki, Madrid

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Libros publicados

Novela “Cinco notas”, sinopsis

Narrativa española CINCO NOTAS (EN PAPEL)
CARMEN FRIAS , 2017IMG_6789
Nº de páginas: 204 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: XORKI
Lengua: CASTELLANO
ISBN: 9788494521461

Una magnífica descripción de las risas, los gestos y las aventuras de un grupo de amigos de la sociedad media-alta en una ciudad del litoral de los años sesenta y, entre ellos, de la vida de un adolescente aferrado a un amor imposible que le durará toda la vida y que le conducirá a una conclusión que desasosiega.
Si muchos autores hacen que los actores de sus novelas desconozcan la verdad de la historia, que sólo le es revelada al lector-testigo para lograr mayor tensión narrativa en este caso el lector participa en todo momento de las preguntas sin respuesta del protagonista hasta llegar con él a un final de superación inesperado.
Carmen Frías, que ya se adentró en una trama cargada de poesía en su reveladora novela “Ora pro nobis”, supera en Cinco notas la combinación de prosa y poesía como instrumentos indisolubles para investigar la naturaleza humana.

 

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Novela “Cinco notas”, Primeras páginas, II

Llevaba ya varias semanas en la ciudad y aún no había visitado a su hermana pues enseguida quiso empezar las obras. Hizo quitar el cuarto de baño que antes no existía, mandó pintar de azul la que fuera su habitación; se gastó todo el dinero que le quedaba y apenas aguantaría al segundo final de mes para cobrar de nuevo la pensión. Pero daba sus penurias por buenas porque, a cambio, conseguía realizar su  sueño.

             –¡Qué desmejorado estás, Oché! –le dijo su hermana cuando, al fin, fue a verla, uniendo su habitual aspereza al nombre cariñoso que le daban de niño.

           –Son muchos años ya, Gloria –le contestó mientras rozaba su mejilla en el simulacro de beso que se habían dado siempre.

           –Pues la última vez que nos vimos te encontré mucho mejor –replicó ella observándole con disgusto.

           Pasaron al salón. Ella iba delante, introduciéndole en el piso, moviendo ante él unas opulentas caderas que a Juan Carlos –Oché– le llamaron la atención. Los setenta años largos de su hermana se habían enriquecido con unas generosas redondeces, como una rotunda matrona, y llevaba una cuidada melena rubia que, sin duda, tapaba sus canas. “Espléndida madurez”, pensó con sorna.

           Se sentaron en un gran tresillo de damasco rosa que ocupaba el centro de la habitación. Las ventanas entornadas apenas dejaban filtrar entre los visillos el sol de la tarde y hasta ellos llegaba apagado el ruido del tráfico.

           –¿Cuántos años hace que no nos vemos, Gloria? –preguntó él– Queramos o no, nos hacemos viejos, además, ha sido mucho el trajín de estos últimos meses. Las dudas de la compra del chalé y la decisión de venir. El liquidar todo lo de allí, las obras…

           –Un poco loco ya estás –replicó ella con seriedad, mirándolo de arriba abajo–. No sé por qué esa idea tuya de comprar la antigua casa y empeñarte hasta las cejas a tu edad. ¿No hubiera sido mejor que alquilaras un pequeño apartamento aquí cerca, en el centro, y vivieras la jubilación tan ricamente sin meterte en esos berenjenales? ¡Vaya un capricho!

            Oché sonrió y la miró con condescendencia. No le contestó pues sabía que era inútil dar una explicación a su hermana. Hubiera sido muy difícil y cansado hacerlo, desconociendo, como él mismo desconocía, la razón profunda que le había llevado a tomar aquella decisión. En su lugar paseó los ojos por aquel salón amplio. En una de las paredes estaban colgadas las cornucopias que antes estuvieron en el hall del que había vuelto a ser su hogar. También la gran librería que llenaba todo un testero estuvo siempre en el saloncito de poniente, junto al piano; ahora estaba aquí, con menos libros que entonces y con muchos marcos de plata con fotos. Se llenó de nostalgia al reconocer estos muebles.

           –Creo que nunca os perdoné que la vendierais.

           La cara de Gloria se ensombreció.

           –Pues bien que diste tu consentimiento cuando te dije que Ramón necesitaba el dinero para la empresa.

           –Bueno, ¿y qué otra cosa podía hacer? Pero en el fondo no dejó de dolerme. Por suerte a veces hay situaciones providenciales. Intuiciones. Escribí hace un año. Me dijeron que estaba en venta. Y no pude resistir la tentación.

           Ella lo miró fijamente. Pensó que su hermano se había chiflado con la edad o quizá era que nunca lo había conocido del todo; al fin y al cabo se llevaban siete años; él era de otra generación.

            –Siempre has tenido reacciones un tanto raras para mi gusto, Oché –comentó en alto, revelando su pensamiento–. Intuiciones, dices, eso déjalo para nosotras, y todo lo demás no es sino romanticismo barato –guardó silencio un momento y refugió la vista en la falda del vestido. Al cabo, levantando la cabeza y mirándole concluyó con lo que le parecía una sentencia inapelable.

            –Ramón piensa que has hecho un disparate.

           Oché se encogió de hombros, cruzó las piernas acomodándose en el sofá y volvió a sonreír.

           –¿Qué es de él? ¿Cómo está? –preguntó desviando conscientemente el tema.

           Gloria hizo un gesto vago, como quitando importancia a la contestación que iba a dar y que, sin darse cuenta, la distraía de las opiniones sobre la decisión de su hermano.

           –Jugando al golf, ya sabes, desde que se jubiló se pasa las horas muertas con eso. ¡Si vieras el buen color que tiene! –cortó de pronto y preguntó:

           –¿Te apetece tomar algo? –luego alzó la voz y llamó a la criada.

           (“¿Te apetece tomar algo?”, recordó Oché, e, inmediatamente había que levantarse por una copa o llamar a la chacha de la casa. ¿Cuántas veces en cuántas casas, hacía años, se había repetido esta escena, como si el tiempo se hubiera solidificado?).

           –No, gracias, Gloria –contestó descruzando las piernas e irguiéndose, pues temía que aquella invitación prolongara el tema de la compra de la casa, que quería dar por zanjado–. Voy a irme enseguida.

           –¡Hombre! Pura visita de cumplido –se enfadó ella.

           –No digas eso; quería saber cómo estabas, cómo andaba todo el mundo.

           –¿Todo el mundo? ¿A quién te refieres? –y Gloria alzó la voz y lo miró con aire acusatorio– ¿Es que recuerdas aún a alguien de aquí? –Al fin y al cabo él era el que se había ido y el que apenas había dado señales de vida durante mucho tiempo.

           –¡No digas tonterías! –protestó Oché contrariado por su tono– ¿Cómo voy a olvidar? Me refiero a todo el grupo –y abrió las manos como queriendo abarcar muchos nombres–: a Pirro, a Marga, al resto. Al fin y al cabo las pocas veces que nos hemos visto en estos años no hemos hablado demasiado de ellos, sólo de la familia, de cómo nos iba a cada cual, de la muerte de Beli –y bajó los ojos y pronunció esta última frase lentamente, como si no quisiera oírsela decir–. Ahora, al volver, siento curiosidad por saber qué es de su vida.

           –De Pirro hace meses que no sé nada –contestó ella secamente, sin revelar ninguna  reacción por el recuerdo que Oché acababa de hacer de la hermana muerta–; ahora, con mis hijos, con los nietos, salgo mucho menos que antes, pues me los dejan en casa cada dos por tres.

           –¿Y el resto?

           –Unos se casaron y se fueron de la ciudad, otros se han unido a nuevos amigos, aunque, bueno, de cuando en cuando, nos vemos.  De Marga sí sé que está fuera; de viaje; pero no creo que tarde en volver. Está estupenda; muy bien para sus años.

           Oché experimentó un ligero sobresalto al oír ese nombre en labios de su hermana. Preguntó:

           –¿Cuántos tiene ya?

           Gloria le sonrió y bajó la voz hasta convertirla en un susurro lleno de coquetería trasnochada:

           –Sabes que las mujeres no hablamos de esas cosas.

           –Vaya, Gloria. ¡A nuestra edad!

           –Bueno, no me dirás que tú mismo no puedes calcularlo, es más o menos como yo.

(Ediciones Xorki, Madrid)

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