Poesía. Soneto

La lejana promesa que te hiciste

cuando atareada andabas aún creciendo,

mira, ¿quieres saber?, la estoy cumpliendo

y no olvido el sueño que me diste.

 

Eras sólo una niña que pusiste

en  mí, mujer, la fe que iba naciendo;

que yo fuera la que ibas descubriendo

en aquél viejo diálogo pediste.

 

Y se fueron los años, la andadura,

y he seguido escuchándote impaciente

pidiendo no morir… ¡feliz locura!

 

Y hoy, al fin, mi yo, mi niña ausente,

rompiendo en los demás mi paz segura,

te traigo de mi mano a mi presente.