Poesía, nostalgia

 

  

El viento golpea los cristales

de mi caliente casa.

Me levanto y miro los árboles,

pero apenas si se mueven;

sólo el ruido (el ruido del viento),

me habla de su existencia

trayéndome todas las sensaciones de frío

y de abandono.

Podría llamarte

para que el calor de tu voz

apagara las notas de soledad del viento

(porque crear es tan duro y tan abandonado

como golpear sobre el yunque

la herradura de un hermoso caballo

que no sabemos si vivirá).

Podría llamarte

para que tu presencia acallara las nostalgias

que se cuelan con el viento

y el ruido monótono de la creación,

pero esta será más pura

si asume en sí todos los ruidos,

almendras retenidas

en el silencio ausente de tu voz.