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La generación actual y su forma de estar

            La generación actual no tiene la necesidad de ocultar sus sentimientos. Es como es y puede expresarlo (basta pensar en parte de la literatura escrita por los jóvenes de hoy, -o incluso por los no tan jóvenes que, en alguna medida, han logrado romper las ataduras a que estaban por nacimiento destinados- donde droga, conflictos, ideales u homosexualidad, campan por las páginas, entre las letras y palabras, sin tapujos). Basta pensar, también, en esas jovencitas que vemos por la calle cogidas de la mano, en esas jovencitas vestidas siempre con pantalones y andares de chico,  en esos jovencitos con pendientes y pantalones ajustados que se cogen por el talle en las calles más concurridas de la ciudad; basta pensar en que son como son, como son ahora, al menos, no como necesariamente serán mañana). Antes eso no se daba, era impensable y ¿es que no existía? Dados los condicionantes de aquella generación es de sospechar que se daba aún en mayor medida pero que, por el caldo social, se ocultaba en mayor medida también.  Era, en todos los órdenes, una generación de reprimidos buenos chicos (y chicas).

Escritura

Poesía. Primera y última vez

 

Estando en el tiempo de la última vez

he aquí que llega la primera vez.

Como si descubrir el mundo fuera algo impensado,

accidental,

una bengala de luz instantánea

o una parcela de corazón aún sin estrenar.

 

Éramos niños cuando nos enseñaron a contar

pero no sabíamos entonces la utilidad profunda de los números

que nos sirvieron para calcular distancias de astros

o kilómetros de carreteras.

Para hacer sumas y restas

y entender la circunferencia absoluta de la vida

con todos sus radios.

Y las cuentas de la globalización

Y los niños muertos en África.

 

Ahora miramos el ábaco abierto de la mano

y, del pulgar al índice, cada dedo nos pregunta

¿Cuántos años quedan?

¿veinte, quince, diez?

 

Escondida entre la risa por ahí anda la incógnita de la última vez.

Sin saberlo, a todas horas,

disfrazada de cautela o distracción,

como una cuestión tonta que la vida  y la muerte, cogidas de la mano, plantean.

 

Pero no sé si entró un barco,

o chocaron los planetas

o apareció la luna,

o existió el asteroide B612.

O fue tu risa

O tus ojos

O tu palabra (¡ah, tu palabra, sí!)

tan fresca como una primera mañana,

como una primera vez impensada de la infancia.

 

Y eres ya mi único tú

en el dibujo insólito de tu mano

y de tu vida,

y en el regalo de tu corazón.

 

Ahora, al final,

precisamente,

como el último don de un dios regalador

que hasta mí te trae

para que aprenda a querer,

inesperadamente,

por primera vez.

 

EnesimaHojaAlicante

 

Publicado en la antología “Enésima hoja”, editorial Cuadernos del Laberinto, Madrid