Escritura

Poesía. El ladrón de la piscina

 

Oculto en mi refugio de  sombra

oigo el ruido fresco de tus brazos rompiendo el agua

(Las pequeñas ondas transparentes mojan la teca pulida que rodea la piscina

y los focos escondidos llenan tu espalda de luz).

Sé que sólo yo soy testigo

-único desde el principio del mundo, privilegiado de un dios-

para anclar mi mirada en cada rincón de tu piel

y adivinar tus manos,

blancas proas delgadas, acariciadoras de vida,

que se hunden y emergen

acompasando el giro de tu nuca

y  tu boca abierta para respirar la noche.

 

En mi sombra te deseo, en cada brazada elástica,

como desearía a una paloma

o a un cometa que brilla rápido en la vida

negando la configuración del tiempo.

Te deseo en tu bella desnudez mojada

que nada a media noche y juega

a que nadie la ve,

sin saber que hay un ladrón de avemarías

y de pilas de agua bendita llenas de barcos de vela

que mañana harán un viaje a la profundidad de tus ojos

y a la posibilidad abierta de tu generoso corazón.

 

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