Escritura

Poesía, Consabido

 

CON-SA-BI-DO

 

Oh, por Dios, no me lo niegues

con esa estéril palabra

de todos y cada uno de los días.

(Ellos, al menos, no saben,

pero tú, tú precisamente, no).

Eras aquél planeta deslumbrante,

el más inalcanzable en el poniente.

Esto es: lo eras todo (casi todo

-que Alfa y Omega sólo son de Dios-).

Me llevabas, sin llevarme,

al infinito. Renacías

mi cotidiano pasar

con plenitudes humanas.

Amor.

Por eso no te dejo, no permito

que entre tus ecos vivan las palabras

que deshacen tu alma, mi alma.

Ellos ¿qué quieres?, no saben;

pero dentro de ti

hacia mí,

dentro de mí

hacia ti

sólo cabe el esplendor.

 

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